Pues vaya plan

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Pues vaya plan
Pedro Sánchez en el Congreso (Foto: EFE)
Diego Jalón Barroso
Diego Jalón Barroso
Lectura estimada: 5 min.

Cada semana, cada día, cada hora se escriben en España nuevos capítulos de la teoría de la ciencia política que empalidecen los tratados de los más prestigiosos catedráticos de Harvard y hasta al mismísimo Tucídides. Hace un par de días Bolaños nos ha explicado, hacer pedagogía creo que es como lo llaman ahora a esto de decir chorradas en una rueda de prensa, que los presupuestos generales del Estado son algo optativo dado que, según el insigne constitucionalista, está prevista su prórroga si no son aprobados.

Dicen que la memoria es como una red de pesca, que cuando la recoges hay peces, pero a través de ella han pasado miles de litros de agua sin dejar ningún rastro. Por eso igual no recuerda ya el multi ministro la matraca que él y su puto amo nos daban con lo de que el PP incumplía la Constitución por no renovar el CGPJ. El asunto es que el artículo 134, en su apartado tercero, dice que "El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior". Y en su apartado cuarto que "Si la Ley de Presupuestos no se aprobara antes del primer día del ejercicio económico correspondiente, se considerarán automáticamente prorrogados los Presupuestos del ejercicio anterior".

Claro que igual todo esto es muy complicado para tan pocas neuronas bajo un pelo tan revuelto y lo que ha entendido Bolaños es que el Gobierno puede elegir entre presentarlos o prorrogarlos. Pero como esto de las leyes no son matemáticas, resulta que el orden de los factores es importante. Y lo que dice la Constitución, tampoco hay que ser licenciado en derecho como el amigo Félix para entenderlo, es, primero, que el Gobierno tiene la obligación de presentarlos. Y no cuando le salga de los dídimos, sino tres meses antes de que expiren los anteriores, es decir el uno de octubre. Luego, se debaten y se votan en el Parlamento. Y si el uno de enero no se han aprobado, entra en vigor la prórroga. Mentir es mentir, aunque ahora se llame difundir bulos o fake news, otro asunto sobre el que Bolaños lleva un tiempo aleccionándonos.

Y si de retorcer la ciencia política se trata, la portavoz y aspirante al trono de Aragón, le ha dado esta vez un estrujón digno de una toalla mojada. Lo que nos ha revelado esta semana es que lo de que los diputados debatan y voten cosas es una pérdida de tiempo, en un país en el que el presidente presume de campeón mundial de la democracia. Vamos que, según Pilar, al Parlamento sólo se llevan las cosas que ya se han acordado y pactado previamente para que los diputados pulsen sin equivocarse el botón adecuado. El resto es marear la perdiz y no merece la pena. No está mal la idea. Deberíamos hacer todos lo mismo, por ejemplo con la declaración de Hacienda. Y presentarla sólo si estamos seguros de que sale a devolver. Porque si ya sabemos que va a salir a pagar es perder el tiempo. Y el dinero.

Bueno, pues una vez impartidas las lecciones de ciencia política y de democracia parlamentaria, Sánchez se plantó por fin en el Parlamento para explicarnos su plan para ese salto tecnológico al que algunos despistados en Europa se empeñan en llamar rearme. Y a mi me recordó una vieja canción de Kiko Veneno que decía algo así como "Hoy no voy a decir lo que debo, voy a matar el tiempo, voy a salir de aquí. Hoy no es el día de nada, hoy hablan solas las palabras, retumban desde aquí. Misiles sin fronteras, pensamiento único, cañonazos de dinero, bombas por la paz".

A caballo entre Gandhi y Churchill, con Úrsula cogida de una mano y de la otra Yolanda, Pedro se dignó por fin a comparecer ante ese Parlamento y él sí, Pilar, nos hizo perder el tiempo. El líder de este bipolar Gobierno, en el que una parte quiere aumentar el gasto en defensa y la otra salirse de la OTAN, nos presentó un plan que no tiene. Pedro está entre la espada de la Europa en armas y la pared del pacifismo de pancarta. Y fiel a sí mismo trató de escaparse entre el humo del eufemismo. Genio y figura. Podría ser un pacifista de izquierdas que frente a la exigencia del rearme y horrorizado por la exigencia de comprar más tanques convocase un referéndum para sacarnos de la OTAN. O, convencido de la necesidad de enfrentarnos con decisión a la amenaza rusa, ofrecer un pacto de Estado al PP al ver que sus socios no le siguen por ese camino.

Pero no es ni lo uno ni lo otro. Es sólo un niño aferrado a su juguete favorito, el poder. Ni un pacifista, ni un tipo dispuesto a dar la batalla. Es sólo un matón de patio de colegio, abusador con Feijóo y condescendiente con Bildu y Puigdemont. Y esta semana ha vuelto a demostrarlo. Nos expuso esa extraña teoría para acojonar a Putin a base de agenda verde, igualdad, algoritmos y startups. Pues vaya plan. Y después de una hora de palabrería insustancial, citas de Jean Monnet, al que ha debido descubrir al leer el discurso que le han redactado sus amanuenses, y motetes de parroquia de pueblo para cantar las bondades de una conciencia europea que según Paul Hazard lleva en crisis desde mediados del siglo XVII, pronunció por fin la palabra fetiche, ese estímulo condicionado de Pávlov que su manada esperaba para ponerse a ladrar: "Ultraderecha". Aunque parezca increíble, en una comparecencia para exponer en la sede de la soberanía nacional el plan del Gobierno ante la mayor encrucijada del siglo, Sánchez volvió a Mazón, a Ayuso, a Milei...

La conclusión es que no hay plan de defensa. No hay fechas, ni cifras, ni procedimientos para financiarlo, ni votos para aprobarlo. Si acaso una vaga esperanza de poder volver a liar a los europeos para que le paguen otra vez las facturas. Y no hay nada, porque si lo hubiera Sánchez caería. Para una vez que parece dispuesto a cumplir su palabra, se da la vuelta y se da cuenta de que sus costaleros no sólo no le cargan el paso, sino que le llaman "señor de la guerra". Hasta los actores que tanto le admiraban se manifiestan en las puertas del Congreso.

Para mantenerse en pie a Sánchez ya sólo le queda seguir atizando a Feijóo, que por cierto sería el único dispuesto a apoyarle en su compromiso con Europa. Pero Sánchez dedica más tiempo a insultarle que a explicar ese plan que no tiene. Feijóo respondió al escarnio del presidente con una perfecta descripción de la situación: "Sólo tiene dos salidas dignas, someterse a las Cortes o a las urnas. Por eso no escogerá ninguna".

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1 comentario

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usuario anonimo 3/28/2025 - 9:30:48 AM
El plan de un mentiroso. Ya lo conocen hasta en Ucrania, al desvergonzados.
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